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Uno de los eventos habituales para un escritor es participar en conferencias, ya sea como ponente o como oyente. Con el tiempo vas acumulando cierta experiencia impartiendo charlas y, aunque siempre acudas con el gusanillo en el estómago, llegas a familiarizarte con el estrado.

Por desgracia no guardo registro de todas mis conferencias, por lo que iré ampliando esta página en función de lo que vaya dando de sí mi memoria.

La primera vez que hablé en público (presencialmente) fue como estudiante. En el Salón de Grados de la Universidad de Barcelona. Mi mentor, el decano y profesor de Historia de la Filosofía Antigua y también de Tragedia Ática en la UB, Antonio Alegre Gorri, me bendijo con su confianza para que mostrase en público mis conocimientos sobre la obra de Eurípides. Fue con motivo de un artículo que me publicaron en la revista «Jaque», con la Ilíada de fondo. Titulé la charla «Adolf Anderssen… ¡y la Ilíada!» Fui arropado para la ocasión por mi otro mentor, José Manuel García De la Mora, profesor de Toría del Conocimiento en la UB, y por el Gran Maestro Internacional de ajedrez David García Ilundain, quien participó en el posterior coloquio. Era mi segundo año de carrera y no entraba en mis planes exponerme en público, pero siempre agradeceré a mis mentores la valiosa oportunidad que me brindaron y la confianza que siempre mostraron en que algún día me forjaría un nombre como escritor.

Conferenciando sobre la actual separación entre las ciencias y las letras. «Lágrimas en la lluvia. Blade Runner, un mundo distópico».

Uno de los eventos que más he disfrutado fue formar parte de los ponentes de «La vida es». Petra Gruenewald invitó a expertos en diferentes áreas para que difundiesen sus conocimientos en un ciclo de encuentros con abundante público. Recuerdo que mi participación llevaba por título «Lágrimas en la lluvia. Blade Runner, un mundo distópico». Trataba sobre la segregación entre el mundo de las letras y el de las ciencias como un mal que afecta a nuestra manera de percibir las cosas. ¿En qué modo pretendemos crecer como personas si no somos capaces de percibir que ambas categorías están ligadas? Que tienen muchos puntos en común. Que los literatos no pueden cerrarse al conocimiento científico y que, a su vez, la apertura mental que proporciona el arte es la puerta propicia para los cambios de paradigma científico. Mostré cómo, a lo largo de la historia, las grandes mentes científicas se nutrieron de las artes (especialmente literarias) para salir de su marco conceptual y arrojar luz donde hasta entonces solo había oscuridad.

También he impartido charlas en escuelas (Col·legi Casp-Sagrat Cor, Colegio SIL) y en algún club de ajedrez, aunque mi memoria carece de la fortaleza que dicen que tuvo y no consigo ubicar estos recuerdos con exactitud.