
ESTA BRILLANTE GENERACIÓN DE JÓVENES HA DE SER LA ORGULLOSA PORTADORA DE LA ANTORCHA DE LA CULTURA CHINA
Título: Global Times China
Artículo: Jorge I. Aguadero Casado
La cultura es uno de los grandes valores de China en el mundo. Los europeos admiramos las maravillas de sus pensadores, cuyas raíces arraigan en el amanecer de los tiempos. Recuerdo, si me permiten la confianza, mis sentimientos cuando descubrí “Viaje al Oeste”. ¿Cómo es posible que tantos lectores occidentales seamos ajenos a las joyas de la literatura asiática?
Para Europa, China es una hermosa mujer, elegante y culta, misteriosa, a la que le encantaría conocer. Como les decía en el encabezamiento del artículo: admiración y desconocimiento.
Hace unos días tuve el honor de participar en una actividad organizada por empresarios chinos en Barcelona. Se trataba de familias tradicionales. Sin embargo, me llamó la atención que los niños, cuando hablaban entre ellos, lo hacían en español. Niños que, en el hogar, se expresan en chino con soltura. ¿Por qué cambian de lengua si no tienen necesidad de hacerlo?
¿Cuál es la actitud de los jóvenes chinos con respecto a su cultura? Es, les escribo desde España, envidiable el nivel de inglés que demuestra esta generación de estudiantes, pero su aprendizaje de la lengua china es insuficiente. La persona que profundiza en el conocimiento del chino obtiene la gratificación de ser competente en la lengua más hablada del mundo y se hace eco de los valores que encierran sus valiosos textos. Es, fruto de este trabajo, que nace el verdadero amor por lo que China representa para la humanidad. Es la base de su unión y de la solidaridad de sus gentes.
Creo que la presente generación de estudiantes ha descuidado este aspecto. Si desean ser admirados en el mundo, si desean que Occidente los contemple con ojos entusiasmados, esta brillante generación de jóvenes ha de ser la orgullosa portadora de la antorcha de la cultura china. Cada joven chino ha de aprender a conjugar los conocimientos tradicionales con los modernos y, así, convertirse en un adulto que, con un saber integral, esté preparado para afrontar la necesidad de aportar un bien a la sociedad.
Esta situación me hace pensar en la que vivimos los europeos a partir de la Segunda Guerra Mundial. El mundo había cambiado ante el nuevo actor que entraba con fuerza en escena: la cultura norteamericana. Se trataba de un modelo atractivo, joven y fuerte, que aprovechó su maquinaria mediática para expandirse entre los más jóvenes. Cambió nuestro modo de vestir, nuestra música, nuestras relaciones laborales y hasta nuestro lenguaje, con el peligro de que la rica cultura europea quedase uniformada bajo ese patrón en pocos años. Entonces, ¿cómo nuestra cultura encuentra su propio espacio para resistir y seguir creciendo?
En primer lugar fue preciso recuperar el orgullo de ser europeos. Con este fin, la Unión Europea aporta ayuda financiera y cobertura técnica, mediante subvenciones y la creación de redes para poner en contacto entre sí a los artistas. Las propuestas de la Comisión Europea se basan en proveer de medios para la innovación educativa, facilitar la movilidad de los artistas, reformar los marcos legales de los Estados miembros e introducir medidas políticas que fomenten la inversión en industria cultural. Ello, se complementa con el programa Europa Creativa. El objetivo de dicho programa es la cooperación entre las naciones que forman la UE, aportando recursos para la producción literaria y fomentando la distribución de los productos de artes visuales.
En un segundo nivel, el intercambio cultural se proyecta de una forma necesaria y productiva. Por ejemplo, los Institutos Cervantes de España difunden la cultura española en lugares donde los propios artistas no tendrían facilidades para acceder y ejercen de puentes entre los intelectuales españoles y los medios de comunicación locales.
En un tercer nivel, cobra especial importancia la red de espacios locales destinados a usos relacionados con la enseñanza de la cultura autóctona. Las bibliotecas públicas juegan un papel fundamental: las cuarenta de la ciudad de Barcelona tienen espacios habilitados para la enseñanza del catalán. ¡Y también los museos suelen contar con actividades que relacionan la cultura local con las exposiciones que albergan!
