
Corría el mes de enero de 2017 cuando mi amigo Miguel Illescas me ofreció la oportunidad de realizar la cobertura del “Tata Steel Chess 2017”, el importante festival de ajedrez que anualmente se celebra en la bella localidad holandesa de Wijk aan Zee. El prestigioso diario La Vanguardia se interesaba por el torneo de maestros principal y, habiendo sido tan exitosa la cobertura del reciente campeonato del mundo en Nueva York, estaban dispuestos a seguir informando sobre eventos ajedrecísticos.
Me pareció una oportunidad que no debía desaprovechar. Escribiría, de lo que me gusta, en uno de los diarios más importantes. El esfuerzo sería notable; el rendimiento, también. Ante la oferta inicial, me permití ampliar los redactados: de unos 2.000 caracteres por artículo a unos 3.000 y, de nueve artículos (uno por ronda), a diecinueve. ¿Cuál era mi objetivo? Sumar artículos, pues así mi agente podía añadir a mi currículum la coletilla “es articulista en el prestigioso diario La Vanguardia«.
Fue un trabajo duro (¡que hice con gran alegría!). Las partidas se alargaban mucho y contaba con poco rato para enviar los artículos a la redacción. Pero tenía un as en la manga: ¡mis amigos! Acudieron en mi ayuda desinteresadamente y, para que los textos se enriqueciesen, los maestros de ajedrez me ofrecían sus opiniones con anecdotario incluido.
Las crónicas fueron muy bien recibidas por los lectores de La Vanguardia, siendo tuiteadas y retuiteadas hasta extremos que me sorprendieron. ¡Los propios organizadores del Tata Steel Chess 2017 retuiteaban mis artículos! Las redes sociales funcionaron y me sentí arropado por los internautas. Hice lo que pude y agradezco el cariño de los aficionados al ajedrez y de las personas que, llevadas por la curiosidad, se asomaron al contenido de mis escritos.
