El siguiente artículo, publicado en Global Times el 29/04/2025, es una de las tres piezas que conforman el diálogo que he tenido el honor de mantener con los académicos Sun Jiashan (investigador de la Academia Central de Gestión Cultural y Turística) y Cheng Bin (profesor de la Escuela de Chino Extranjero de la Universidad Nacional de Tecnología de Defensa). Agradezco mucho a la talentosa Liu Mei, como siempre, su traducción al chino.

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Diálogo de mesa redonda mundial: En la era digital, ¿cómo puede la cultura china abrirse paso y globalizarse?

Nota del editor: Recientemente, con el estreno de «Ne Zha 2: El niño diablo conquista al Rey Dragón» en docenas de países de Europa y Asia, la cultura china se ha convertido una vez más en un tema candente en el extranjero. Entonces, ¿cómo pueden los productos culturales chinos difundirse mejor en el extranjero en la era digital? En este número de “Global Roundtable Dialogue” se invitó a tres expertos a discutir temas relacionados.

Esperando que China y Europa se conviertan en «almas gemelas» culturales

Global Times, 29/04/2025

La primera vez que leí Medea de Eurípides, me sorprendí llorando como un niño en la biblioteca de la Universidad de Barcelona. Con el tiempo he comprendido que aquella emoción intensa —ese estremecimiento que solo nos concede la auténtica belleza— fue lo que terminó de sellar en mí la vocación de escritor. Desde entonces, muchas veces me he preguntado cuántas obras maestras me habré perdido por el simple hecho de ignorar otras culturas. Por eso, al saber del éxito de Ne Zha 2 en su nación, mi curiosidad hacia esta película de animación china no solo es grande, sino profundamente viva.

¿Se han preguntado ustedes por qué los europeos estamos yendo a los cines que proyectan «Ne Zha 2»? Vaya por delante que apreciamos el prodigio técnico de esta producción, tanto en los efectos visuales como en la colaboración de los 27 estudios de animación que se han vertebrado a lo largo de toda China para llevarla a término. Sin embargo, lo que más nos seduce es la sensación reconfortante de reencontrarnos con los valores que, por desgracia, se van diluyendo en el cine occidental. Esos valores, que siguen tejiendo el alma china (la piedad hacia los padres, la amistad sincera, la lealtad inquebrantable y el amor a la tierra natal) se abrazan con los ideales modernos de justicia, responsabilidad y, como leitmotiv de Ne Zhan, un poderoso llamado al despertar del ser.

Vivimos tiempos en que las distancias deben desvanecerse, para que el rumor de otras tierras nos llegue como un eco cercano. En este mapa nuevo, donde los hilos invisibles que unen a los pueblos se entrecruzan, la cultura es el puente más delicado entre civilizaciones. China, con su arte refinado por el tiempo, tiene en Europa una aliada donde también cada rincón guarda el susurro de muchas generaciones. Pero, para que su arte conmueva nuestro corazón, es preciso tejer alianzas pacientes que inviten a mucho más que nuestra admiración pasajera: muchos europeos deseamos conocer mejor la cultura china, descubrir pacientemente su mirada distinta de la existencia.

Para que la cultura china encuentre un hogar duradero en Europa, no basta con tender puentes efímeros, es necesario levantar una arquitectura sólida de colaboración, una trama de vínculos capaces de resistir el peso de nuestras diferencias. El fortalecimiento de las alianzas institucionales es, en este sentido, la piedra angular de ese edificio común.

Crear acuerdos formales entre centros culturales no es solo un gesto diplomático. Cada iniciativa conjunta actúa como una semilla lanzada al viento, destinada a germinar en tierras nuevas.

El acto más fecundo de esta tarea se produce con el intercambio de artistas. El saber se nutre del asombro, que a su vez despierta admiración. Un artista que crea lejos de su hogar lleva consigo la savia de su tradición y, a su vez, bebe de otras aguas. Así nacen constelaciones nuevas de pensamiento que, al mirarse en perspectiva, dibujan el mapa de un futuro compartido por la humanidad.

La cultura viaja por los caminos que le tendemos. Y, aunque pueda sorprender (les confieso que decirlo me avergüenza), la mayoría de los europeos serían incapaces de nombrar un solo escritor, músico o pintor chino. Ni uno, de toda su vasta historia, no solo entre los contemporáneos. ¿Cómo, entonces, se podrían ampliar los canales de distribución de la cultura china dentro de la Unión Europea?

En mi opinión, una respuesta viable sería crear festivales especializados que confluyeran en un gran festival: un circuito de artistas que trascendiera los intereses comerciales inmediatos, focalizado en la calidad. Europa abriría sus puertas si se ofreciera una ruta donde lo clásico dialogara con lo contemporáneo, permitiéndonos observar no solo obras aisladas, sino el proceso vivo de la evolución artística china. Así, no nos quedaríamos en la fascinación efímera de lo exótico, sino que podríamos comprender su lenguaje, encontrando resonancias con nuestro propio arte. No nos basta con admirarles fugazmente; deseamos reconocer en ustedes una voz hermana. Queremos que la cultura china no sea para nosotros un visitante lejano, sino un huésped natural, con quien podamos construir una conversación de largo aliento.

¿Cómo acompañar esta iniciativa? A corto plazo, mediante campañas apoyadas por entidades culturales especializadas. Y a medio y largo plazo, recomiendo la creación de la “semana china”, en forma de inmersión cultural con la guía de sus cuerpos diplomáticos, para que el diálogo, una vez iniciado, no se interrumpa jamás.

Todo lo que nos conmueve necesita, antes, ser comprendido. Para que la cultura china cruce verdaderamente los umbrales de Europa, les recomiendo apoyar decididamente la traducción y la adaptación cultural, especialmente en los campos de la literatura y el sector audiovisual. Este gesto, que debería realizarse en ambas direcciones, ha de hacerse con hospitalidad profunda, asegurando así un equilibrio genuino que respete la riqueza de cada tradición.

Además, animo a promover adaptaciones juveniles de los grandes clásicos chinos que, sin traicionar el espíritu original de las obras, sepan dialogar con la sensibilidad europea contemporánea. Una historia bien adaptada se enriquece adquiriendo nuevos matices y viaja más lejos, multiplicando su poder de resonancia en el alma de quienes la descubren.

Durante la visita del presidente del Gobierno español a China en abril de este año, el plan de acción de cooperación alcanzado entre China y España involucra el campo de la cultura. Esto, como ciudadano español y escritor, me entusiasma. ¡Se abren tantas posibles vías de colaboración que es imposible no emocionarse!

Cada año, cuando el comienzo del invierno tiñe de luces suaves nuestras calles, florece el Lychee Film Festival, un festival de cine chino que nos ofrece un delicado encuentro entre la tradición y el cine contemporáneo, hilando relatos que susurran historias lejanas en la distancia pero cercanas a nuestros corazones. El Lychee es una celebración de la riqueza infinita del ser humano y, si me permiten la observación, el afecto que mi ciudad demuestra hacia su cinematografía tiene mucho que ver con la sutileza en la emoción, con la música fascinante y con el uso simbólico de los colores que caracteriza a sus producciones. Sería un gran honor para nosotros si más europeos como yo pudiéramos contribuir al puente entre las culturas china y occidental con nuestras obras. [El autor de este artículo es Jorge I. Aguadero Casado, y el artículo fue traducido por Liu Mei]