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El diario «Diari de Vilanova» se hizo eco de mi estreno como libretista de ópera. Corría el año 2001.

El mundo de la lírica, para los que no entendemos, es un coto cerrado. ¿Cómo, después de escribir un libreto, dar el paso que lleve a la representación del mismo? Es una idea que me subyuga.

De joven, en la universidad, un relevante compositor me ofreció, a través del decano, que colaborase con él en una ópera que tenía que estrenarse, en Barcelona, con motivo del Fòrum de les Cultures. La idea me entusiasmó pero, cuando ya tenía medio libreto escrito, el músico recibió una generosa oferta del gobierno cubano para componer marchas militares (con motivo de la revolución castrense). ¡Adiós, ópera!

Otro acercamiento a la lírica fue la redacción de un libreto de arias para tenor y contratenor. Era una idea fuertemente atractiva (quedé muy contento al terminarlo), pero el músico tenía un contrato que lo obligaba a dar la vuelta al mundo…. y no llegamos a estrenar.

Tengo la convicción de que, tarde o temprano, estas obras verán la luz.

Un segundo artículo del «Diari de Vilanova», en el que citan mi labor como libretista. Año 2001.