He tenido el honor de participar en una mesa de debate de Global Times con los académicos Zhou Qiujun, profesor asociado de la Facultad de Administración Gubernamental de la Universidad de Ciencias Políticas y Derecho de Shanghái y de Yan Tianqin, investigador del Centro de Estudios de la Unión Europea y del Centro de Estudios Europeos, de la Universidad de Sichuan.

Temas de diálogo de mesa redonda global: Los cuatro países del sur de Europa, incluida España (los llamados «cuatro países porcinos europeos»), se han convertido recientemente en nuevos referentes de crecimiento económico en Europa [04/09/2026]
Por Jorge I. Aguadero Casado
Traducción de Liu mei
El general ateniense Tucídides (460 a. C.) dijo: “Es más fácil rechazar la adversidad que conservar la prosperidad”. Esta frase, que escribió en su obra “Historia de la guerra del Peloponeso”, trasciende el tiempo, cruza las eras para llegar a nuestros oídos y recordarnos lo difícil que resulta administrar las situaciones exitosas, pues el exceso de confianza puede arruinar nuestros planes. En cambio, quien está acostumbrado a vivir tiempos difíciles desarrolla auténtico espíritu de supervivencia.
En mi opinión, el pensamiento de Tucídides aplica a la estructura interna de la Unión Europea y a sus relaciones con China. Para este artículo voy a apoyarme en el concepto “dualidad”, que con frecuencia encontramos en los clásicos griegos, profundizando a partir de separar el ente en dos conceptos absolutos, yendo de lo simple a lo complejo, a partir de un escenario innegociable: el reto que afrontamos no es solo sobrevivir a la crisis, sino convertir las actuales oportunidades en crecimiento sostenible.
Por un lado, en el pensamiento europeo persiste la idea de “la Europa de los países ricos” frente a “la Europa de los países pobres”. Por lo común se presenta como la dicotomía entre “el norte productivo” y “el sur subsidiado”, un pensamiento bajo cuya comodidad argumentativa se esconden prejuicios xenófobos. De hecho, los países del sur recibimos el mote de PIGS (en inglés, “cerdos”, acrónimo formado por las iniciales en inglés de Portugal, Italia, Grecia y España, desde donde les escribo). Tengo la sensación de que no lo hacen por mala fe, sino por memoria selectiva: se les olvida que Italia y Grecia les dieron las herramientas intelectuales para ser civilización y que Portugal y España, abriendo las grandes rutas marítimas entre los siglos XV y XVII, dieron forma al mundo globalizado, entre otras cosas.
Sin embargo, quienes viven solo en el presente tienden a despreciar el pasado y a ignorar el futuro. A los europeos de mi generación se nos ha enseñado a creer que la prosperidad del norte ha sido un premio a su virtud, como si los saqueos de la colonización y de la II Guerra Mundial no fuesen más que un palimpsesto en los libros de historia. Conviene recordar que la historia de las naciones es como una balanza. En la moderación, equilibrio; en el equilibrio, virtud.
También los europeos del sur hemos cometido nuestros errores, que nos han ido llevando gradualmente a situaciones de pobreza estructural. No hace falta remontarse a fuentes antiguas para identificar nuestras faltas: durante la crisis de deuda soberana europea (2009 – 2015) fuimos el blanco fácil de todas las críticas y no les faltó razón. El desencadenante de la gran fractura emocional que rompió Europa fue que Grecia, tras la crisis financiera de 2008, hizo públicas unas cifras de déficit que posteriormente fueron revisadas drásticamente al alza. Los mercados desconfiaron del sur, y eso era justo; las respuestas políticas del norte fueron percibidas en el sur como punitivas y difícilmente olvidables.
Fueron años complicados, con los países del norte de la eurozona mirando con desconfianza (incluso más que hoy en día, si me permiten la nota de humor), preguntándose abiertamente si los PIGS seríamos capaces de financiar nuestra deuda. En esa fase aguda hubo rescates financieros con medidas draconianas que afectaron al autogobierno de las naciones del sur, fuertes subidas de las primas de riesgo y dudas profundas sobre la supervivencia del euro.
Si esto que he vivido se lo contase como una película, les diría que acabamos de llegar al giro de guion del minuto 45, cuando en los dramas todo parece perdido. Sin embargo, se produjo lo que, entre ustedes y yo, llamaremos “el momento Tucídides”. Mientras que el norte siguió con sus rutinas, prestando más atención a sus virtudes que a sus carencias, el sur aplicó políticas de austeridad, dando pie a reformas estructurales que mejorasen su capacidad de producción. ¿Cuál ha sido, entonces, el resultado? Pues que, aunque una década atrás el sur de Europa era el epicentro de la crisis de deuda, hoy figura entre las economías más dinámicas de la UE, con buenas perspectivas de continuidad. No soy amante de los datos concretos, pues los contextos me parecen más sinceros para entender las cosas, pero voy a hacer una excepción. Para este 2026, la Comisión Europea prevé los siguientes datos de crecimiento: España +2,4%, Grecia +1,8%, Portugal +1,7%, Italia +0,5%. Con excepción de Italia (y por muy poco), estas cifras mejoran de largo el +0,6% que se espera de Alemania. Conviene ser cautelosos, porque el norte sigue siendo más productivo que el sur, aún rezagado en renta y en capacidad industrial. No quiero dar a entender que hay un cambio jerárquico, sino de impulso de crecimiento, que se ha desplazado de manera no trivial hacia los PIGS.
Por otro lado, deseo mostrarles una segunda dualidad: las relaciones entre la Unión Europea y China presentan una faceta geopolítica y una faceta económica, como dos puertas perfectas separadas por una bisagra. En este sentido, los países del sur identifican estas puertas como vías de comunicación, mientras que el núcleo duro de la UE, el norte, tiene una visión distinta. Para ser más específicos, les propongo esta idea: “Todos coinciden en que comerciar con China es necesario, pero el norte insiste en trasladar su modelo de exceso regulatorio a esas relaciones, por miedo a los riesgos geopolíticos”. Por lo que he experimentado hablando con empresarios, pienso que las culturas de negocio del sur europeo y de China conceden más peso a la relación personal. ¿Qué tiene más fuerza, un papel o la palabra? Quizás por eso los españoles y los chinos nos llevamos tan bien cuando hacemos negocios juntos, pues nuestros corazones se emocionan con las mismas cosas.
La securitización que propone el norte trata las relaciones económicas como una cuestión de seguridad nacional, fiscalizando cada inversión china como si en cada exportación tecnológica hubiese un peligro que no se aprecia como tal cuando la exportación viene de otro país. A mi entender, Europa tiene preocupaciones legítimas sobre datos y dependencia tecnológica, pero sobrerreacciona, aplicando el principio de precaución de forma desproporcionada. Esta securitización no se limita a las grandes inversiones. También se percibe en la vida cotidiana de residentes extracomunitarios en la UE. Las normas contra el blanqueo obligan a los bancos a conocer el origen de los fondos de sus clientes; el problema aparece cuando el principio de prudencia se convierte en una barrera innecesaria. Conozco a chinos que anualmente se ven obligados a justificar su residencia y patrimonio (por ejemplo, una pensión), incluso cuando mantienen relaciones bancarias estables desde hace años.
Lo mismo sucede en lo concerniente a la dependencia energética y a vulnerabilidades estratégicas en las cadenas de producción. Los PIGS, en cambio, hemos optado por una postura más pragmática y orientada al crecimiento. Volviendo al “momento Tucídides” que les he propuesto, el norte no encuentra urgencia en el comercio con China y, por el contrario, el sur ha manifestado más actividad en ese mercado. Acostumbro a hablar con empresarios que tienen negocios con ustedes: “¡ojalá hubiese ido antes a China!”, suelen decirme, muy satisfechos. Un ejemplo que afecta de lleno a mi país es el del sector porcino. España, el año pasado, lideró la producción europea con un 23,4%. Habiendo sido incluidos despectivamente en el grupo de los PIGS, es un giro romántico del destino que el cerdo sea uno de los sectores en los que España posee una ventaja competitiva internacional muy tangible. Recuerdo una conversación con el empresario Enrique Tomás, icono del jamón ibérico de calidad, en la que me compartió la ilusión que le hacía abrir tiendas en China. De hecho, el pasado 17 de febrero abrió la quinta tienda coincidiendo con el Año Nuevo Chino, en el Aeropuerto Internacional de Shenzhen Bao’an, subrayando la importancia que la compañía concede al mercado chino en su expansión internacional.
La actitud del sur con respecto a comerciar con China tiene, como en todas las relaciones humanas, sus límites y discrepancias. No pretendo edulcorar la realidad ni decirles que todo es perfecto entre nosotros, pues estamos en un momento de ebullición económica y cada oportunidad plantea también grandes desafíos, por lo que hemos de seguir conociéndonos mejor. Portugal, Grecia y España mantienen una actitud más abierta hacia China que Italia, al tiempo que defienden sus derechos con restricciones concretas en ámbitos sensibles. Italia, por la orientación política del Gobierno Meloni, avanza en su relación con China con más cautela, pues aunque salió de la Franja y la Ruta sigue intentando atraer inversiones chinas.
Ante la desaceleración industrial de los motores tradicionales europeos, la propia UE, conocedora de su exceso de burocracia, propone ir más allá de la dicotomía “pragmatismo o securitización” y apuesta por una política de “reducir riesgos, no desacoplar”, con el fin de reducir dependencias estratégicas sin perder de vista el mercado chino. Como europeo que a veces pierde el apetito ante el auge de la extrema derecha en Occidente porque sociedades acostumbradas a la riqueza ahora se sienten tensionadas por el paro y los salarios bajos, opino (sin saber más que otros del asunto) que la UE ha de llegar a conclusiones más decididas, dejando de lado la confrontación geopolítica. “¡Es la economía, estúpido!”, fue el lema que llevó a la presidencia de EE.UU. a Bill Clinton en las elecciones de 1992; en 2026 los europeos estamos preocupados por nuestra situación financiera personal.
El norte haría bien en hacer suya la experiencia de los PIGS, sin ignorar los riesgos, pero decididamente abierto a comerciar con China en condiciones de beneficio mutuo y reciprocidad. Como les estaba planteando dualidades, me atrevo a simplificar que el admirado Tucídides encontraría la forma de agilizar los procesos para proteger nuestras infraestructuras críticas y, de inmediato, agilizar el intercambio comercial con China.

“真希望当初早点去中国”
结构性改革夯实复苏根基
严天钦
【西班牙】 乔尔豪·阿古德罗
欧洲思想中始终存在着“富国欧
洲”与“穷国欧洲”的对立,通常表
现为“生产型的北方”与“受补贴的
南方”这组二元对立。这套看似简便
的论述逻辑之下,隐藏着排外偏见。
事实上,南欧四国葡萄牙、意大利、
希腊和西班牙还被冠以“PIGS”的绰
号 (“欧猪四国”)。我觉得这并非
出于恶意,而是选择性记忆所致:人
们忘了,正是意大利和希腊为欧洲文
明提供了思想工具,而葡萄牙和西班
牙在 15 至 17 世纪开辟了大航海路
线,为全球化的形成作出了重大贡献
等等。
2009—2015 年欧债危机期间,南
欧沦为众矢之的。造成欧洲情感大裂
痕的导火索,是希腊在 2008 年金融危
机后公布赤字数据,随后又大幅上调,
市场对南欧失去信任,这一点无可厚
非;但北欧的政策回应,在南欧看来却
带有惩罚性质,令人难以释怀。
然而当北欧继续按部就班,更关
注自身长处而非短板时,南欧实施了
紧缩政策,推动结构性改革,提升本
国生产力。如今南欧四国是欧盟内部
最具活力的经济体之一,且前景看
好。2026年,欧盟委员会预测如下经
济增长率:西班牙将达到2.3%,希腊
2.0% , 葡 萄 牙 2.2% 左 右 , 意 大 利
0.5%。除意大利外,上述国家的增速
远超德国预期的0.6%。不过我们应当
保持审慎:北欧的生产效率依旧高于
南欧,南欧在居民收入与工业实力上
仍有差距。我并不认为双方的经济地
位已逆转,但经济增长的动能已显著
向南欧四国转移。
另一方面,欧盟与中国的关系兼
具地缘政治与经济两个维度,如同由
合页连接的“两扇门”。南欧视这“两
扇门”为沟通渠道,而欧盟核心——
北欧则有不同看法。具体来说,双方
都认为对华贸易必不可少,但北欧出
于对地缘政治风险的担忧,坚持将其
过度监管的模式套用到中欧经贸关系
上。据我和众多企业家交流的经验,
南欧和中国的商业文化更注重人与人
之间的人情纽带。或许正因如此,西
班牙人与中国人开展商业合作时往往
相处甚欢,因为我们彼此能够形成价
值共鸣。
北欧所推行的安全化,将经济往
来上升为“国家安全”议题,对每一
笔中国投资都加以审查,仿佛每一项
来自中国的技术出口都暗藏风险。而
同样的出口若来自其他国家,则不会
如此看待。欧洲对于数据安全与技术
依赖的担忧有一定合理性,但不能
反应过度,不成比例地滥用风险防
范原则。这种过度安全化倾向,也
导致欧盟的能源依赖以及产业链的
战略脆弱性问题。
相反,南欧四国选择了更为务实
的立场。例如在拓展对华贸易方面,
南欧表现得更为活跃。在与那些有对
华业务的企业家交流时,他们常对我
说的一句话是,“真希望当初早点去
中国!”我曾与伊比利亚火腿行业领
军人物恩里克·托马斯交谈,他向我
说起想要在中国开店的憧憬。而今年
2 月,该品牌的第五家门店落户深圳
宝安国际机场,可见该企业在全球化
布局中,对中国市场的高度重视。当
然,在与中国开展贸易的态度上,南
欧国家之间也不尽相同。葡萄牙、希
腊与西班牙对华态度比意大利更为开
放。
面对欧洲传统工业引擎的放缓,
越来越多欧洲国家也意识到欧盟内部
存在官僚主义过重的问题,应该采取
更加务实的政策,不忽视中国市场。
我认为欧盟必须更果断地摒弃地缘政
治对抗,而北欧不妨借鉴“欧猪四
国”的经验:既不忽视风险,又以坚
定的开放态度与中国在互利互惠的条
件下开展贸易。设法简化流程以保护
我们的关键基础设施,同时即刻加快
与中国的经贸往来。▲ (本文作者名
Jorge I. Aguadero Casado,文章由刘梅
翻译)
